Hola

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martes, 26 de abril de 2016

Ángel

He soñado que tocaba la trompeta. Estoy rodeado de músicos –son buenos de verdad, todos negros y vestidos de traje- y me invitan a soplar una. Le saco un par de buenos sonidos limpios y armónicos, un par de frases cortas, a lo Miles. Ellos me miran con aprobación mientras suena precisamente Miles Davis, con lo que tengo que parar de hablar con ellos para disfrutarlo. Me siguen mirando con aprobación. Ya soy uno de ellos.
Debe ser que leer Sandman antes de dormir reactiva el músculo que hace que se escapen los sueños de sus residencias palaciegas más allá de nuestro alcance, como si vivieran en las casas de los ricos, allá en esos barrios en los que el metro no llega. ¿Es sólo una cuestión de azar? ¿Qué (o quién) decide de qué nos vamos a acordar? No me importa. Bienvenidos sean siempre.

Me he comprado una trompeta. No he tocado una nunca. Salvo en sueños. Es preciosa. Se llama Ainë. La he desenfundado y la he tenido en mis manos un buen rato. Nos hemos acariciado, mirado. Pero no me atrevo a besarla aún. Siento que tengo q soñarla de nuevo. Así que esta noche me dormiré con Sandman otra vez. No me hace falta escuchar a Miles, eso ya viene conmigo.

No tengo reparos en reconocer que prefiero dormir a vivir despierto. Suelo dormir más de 12 horas diarias. Mebael me dice que no estoy aprovechando esta vida. Ya no me acuerdo del último amanecer que ví. Me pierdo cualquier cosa que pueda pasar por las mañanas ya que hasta la hora de comer ni se me ocurre levantarme. Adoro las noches y su quietud y me desasosiega la actividad humana y la luz del Sol. No tengo pareja ni por supuesto hijos, eso no es para nosotros. Pero tengo dos gatas. Y una trompeta. Y todos vivimos en completa armonía.
Internet me permitió no tener que salir a comprar, algo que siempre había detestado. Fue como una bendición. Comida, ropa, electrodomésticos, música, gestiones bancarias, fiscales. Sólo uso Internet para estas cosas. No soy usuario de ninguna red social. Tampoco practico ningún deporte ni hago ejercicio fuera de mi pequeño apartamento. Apenas salgo, únicamente a pasear cuando llueve. Eso sí me gusta mucho. No tengo teléfono ni leo la prensa ni me interesan los deportes. No sé qué pensarían mis padres de cómo he escogido vivir. Ya apenas los echo de menos, ha pasado mucho tiempo. Sólo sueño muy de vez en cuando con ellos, siempre aparecen juntos, nunca sueño con sólo uno de los dos. El destino lo quiso así y tras el accidente mi tío se encargó de todo. Me trajo unos papeles y un extracto bancario. Con todo lo que me habían dejado, junto con el apartamento, calculé que podía vivir sin aprietos hasta los 55 años. Justo. El día que se me acabe, es decir, el 11 de agosto de 2036, me iré de aquí por la vía rápida, en el AVE que acaba en el otro lado del túnel. Como no sé qué me espera en el otro lado, no gasto ni un minuto en pensar sobre ello. Tampoco se lo he contado a Mebael. Ni a Rafael. Ya me los encontraré ahí.
Tengo 1.123 libros, todos heredados por parte de madre. Algunos me los he leído casi por obligación y muchos me han sorprendido. También poseo más de 1.000 CD’s de música y de ellos apenas escucho con regularidad unos 15. Con eso me sobra.

No sé qué es la felicidad ya que mi vida apenas cambia con el paso de los días, hago lo mismo un 15 de julio que un 25 de diciembre. Tengo la suerte de que aquí donde vivo la temperatura apenas cambia a lo largo del año, y todo va desde abrir algo la ventana antes de irme a dormir hasta ponerme una ligera rebeca de madrugada. Eso es todo. Tampoco llevo la cuenta de los días de la semana y si me entero de qué día es es porque me llega alguna notificación al ordenador, del que he suprimido la molesta hora y fecha de abajo a la derecha.
Salvo Mebael y los demás no tengo amigos ni conocidos, nadie me busca ni yo pregunto por nadie. No me interesa. Además sería imprudente y ese fue el trato al que llegué con el Dios de este mundo: no tener contacto con nadie. Soy un caso único en este tiempo, aunque me han explicado que siglos atrás esto era bastante más común que ahora. Ya nadie prefiere quedarse. Eso jugó a mi favor, desde luego. Aunque yo ni lo sabía. Y no acabo de entenderlo. Mi vida ahora es una maravillosa sucesión de lentos minutos, un mar calmo y eterno, no conozco la premura ni el ayer, soy como esa carta del Tarot que invita a recogerse. Observo cómo el viento mueve las hojas de los sauces del parque y cómo la luz juega con ellas. Todo es perfecto, nada sobra o falta, el simple hecho de existir es como la más placentera de las siestas del verano.


Un día pasó algo distinto. No era la primera vez que alguien llamaba a mi puerta, desde luego, pero la voz que me llegó tras las dos tandas de suaves y cortos golpes en la madera me produjo una sensación que había ya olvidado. Normalmente la gente desiste rápidamente y se va a los pocos segundos, pero ese día alguien se quedó más de lo habitual y susurró unas palabras que no logré entender. Sin embargo no fueron las palabras, fue la voz. Era femenina, joven, frágil. Hermosa como un claro de Luna, hermosa como la pieza de Debussy. Me quedé de piedra escuchando aquellos sonidos. Me imaginaba los labios por los que salía el aire domado de aquella mujer. Su pecho. Su sudor limpio. Su pelo, su piel. Tuve q buscar en Internet.
Me pasé casi cuatro días seguidos recabando información, mirando vídeos, fotos, cuadros. Y entonces fue cuando me acordé.
Igual que un sueño baja hasta nosotros, dejando un placentero hueco en su origen y llenado otro en su destino, igual que una fruta madura cae, a mí me llegó el recuerdo de lo que se me había privado en esta regalada vida. Todo empezó a cambiar, al principio lentamente, y al cabo de pocos días mi ordenada y placentera existencia se vio sacudida como un huracán arrasando una guardería. 
No tuve que esperar mucho a que Gabriel me viniera a visitar. Llegó con Rafael, aunque este último no pronunció ni una sola palabra. Por algo que estaban aún estudiando se había producido un fallo, algo inexplicable: había sobrepasado mi condición y había renacido en mí algo cuya ausencia era precisamente una de las más importantes características de lo que se supone que somos. Era anti natural. Lo primero que me dijo Rafael era que mi aspecto había cambiado. Sudaba, me había salido barba, tenía ojeras, hacía ruido al moverme. De momento querían que siguiera en mi puesto habitual, valía la pena ver cómo se desarrollaban los acontecimientos, experimentar conmigo para acabar de entender cómo el Deseo había logrado sobrepasar la Puerta. Me sentí maltratado por Rafael, y más por Gabriel con su incómodo e inhabitual silencio. El Dios de este mundo no estaba disgustado conmigo pero estaba claro que este asunto le estaba incordiando. Esto era inaudito. Me intentaron transmitir tranquilidad pero el efecto fue el contrario, como suele pasar en estos casos. “Quédate aquí como siempre, no salgas y no veas a nadie. Como siempre. Todo sigue igual”.
Pero ya nada fue igual. El cambio fue drástico. Me pudo el aburrimiento, la dejadez. Apenas cocinaba. Dormía poco y muchas veces mal. La sonrisa se desvaneció de mi rostro, que cambió en pocos días hasta el punto que me salieron arrugas, granos, yagas, caries. Me dolía constantemente la espalda. Ya ni dormir podía. Cada vez que intentaba reanudar mis quehaceres me sobresaltaba una ola de rencor y de pena, amarga y desagradecida. Intentaba disimular, recordar cómo era todo apenas unas semanas atrás y actuar como entonces. Era inútil, frustrante. Me empezó a doler el vientre durante todo el tiempo que estaba despierto, era como un peso inmóvil que me quitó el apetito y las ganas de respirar. La desesperación hizo acto de presencia y decidí que de seguir así una semana más me iba en el AVE antes de tiempo. Una pena, pero así no se podía seguir.

La segunda visita de Rafael, que esta vez vino solo, fue mucho más corta. Apenas me miró. Habían decidido que no podía volver, al menos de momento. Y que debía esperar. Que siguiera igual, con mis libros y mi plácida vida. Sin ver a nadie. Iba para largo. Ni se atrevió a mencionarla. Pero yo ya había tomado una decisión. Tenía que escuchar aquella voz de nuevo. Y ver cómo eran esos labios por los que salía ese aliento que hizo tambalearse las columnas de la Creación.

viernes, 3 de mayo de 2013

Hasta pronto


- Hola.
- Hola.
- Ah, esto es un sueño, no?
- No exactamente, pero es algo parecido, sí.
- Ajá. Nunca me acuerdo de los sueños, sabes?
- Yo no he soñado nunca.
- Qué hacemos aquí? Quién eres?
- Bueno, eras tú el que querías saber cosas de tu futuro. Y viajar al pasado. Y cambiarlo todo. Te acuerdas?
- Ah, sí. Sí. Claro. Es eso entonces? Ahora no me acuerdo del todo pero creo hice algo... 
- Arriesgado?
- Bueno, sí. Yo diría que valiente. Y desesperado.
- Y peligroso.
- Sí, bueno, a estas alturas nada me da miedo. De donde vengo yo las cosas están... bueno, muy muy mal, sabes?
- Sí, lo sé.
- Bueno. Así que... aquí estamos. Entonces todo ha salido bien?
- Bien o mal. No. No tiene que ver con eso. Eso es demasiado básico, demasiado... No.
- Entonces qué pasa ahora?
- Ahora? Ese es otro término demasiado inexacto. Improcedente.
- Quieres decir que el "ahora" no es ahora? No entiendo.
- Pues entonces puede que tengas un problema.
- Pero vamos a ver: estoy soñando, vale, entonces
- No sabes si estás soñando.
- ¿No has dicho que...?
- Que es algo parecido. Y tampoco he dicho que fueras tú el que está soñando.
- Huy huy, esto me está empezando a hacer sentir como mareado.
- Es normal. 
- Vale. Eso me reconforta. Entonces... ahora qué?
- No sé. Yo siempre he estado aquí. Eres tú el que ha llegado aquí, no yo. De hecho, debería ser yo el que te hiciera algunas preguntas. Pero de momento no creo que obtuviera respuestas.
- Entonces? Qué hago?
- No sé. Eres tú el que ha llegado aquí. Tu sabrás.
- Ya. Pues... No sé.
- Ese es el problema principal.
- Qué problema? No saber qué hacer?
- No. Más bien, no saber.
- A ver, me estás poniendo nervioso. Tú dices que ya estabas aquí y yo he aparecido como en un sueño y el ahora no es ahora y no sé qué.
- Yo no he dicho eso exactamente, pero sí, puede valer de momento. Lo importante es ese "no sé qué". 
- Y tú me lo podrías explicar?
- Sí. Podría ayudarte a entender. Pero de momento no lo haré.
- Pero porqué?
- Porque para poder llegar hasta aquí hay que haber entendido antes. No después. Aquí morarás hasta que nos veamos de nuevo. Necesitas tiempo para poder pensar y entender. Mucho tiempo. Pero eso no es problema. No aquí. Ya te he dicho que aquí el "ahora" no es ahora. Hasta pronto.


455 días despúes, según el tiempo terrestre


- Hey! Hey!! Hola! Eres tú? Heeey!!
- Hola.
- Ya era hora! No sabes todo el tiempo que he estado...
- Pensando?
- Bueno, sí. Pensando, qué remedio. Y esperando! Sobre todo esperando!
- A qué?
- A tí! A... no sé. A que pasara algo! Esto es increíble! Qué hago aquí?
- Veo que no has aprovechado mucho el tiempo.
- No te vayas!! Espera!
- No tengo prisa. Pero no me gusta perder el tiempo. Ni siquiera aquí. Tengo otras cosas que hacer.
- Vale! Espera! Ayúdame!
- Que te ayude? Yo? No. Me temo que eso no es posible. 
- Pero tú pareces saber mucho mejor que yo todo lo que pasa, ayúdame a salir de aquí. He estado recordando, o soñando, no sé. Yo tenía otra vida diferente antes. Antes dormía, comía, me relacionaba con otras personas. Aquí no hay nada ni nadie! Qué hago aquí? Quiero volver!
- Volver?? JAJAJA! Esto es realmente gracioso. Aunque no me sorprende. Es que no te acuerdas de porqué estás aquí?
- Bueno, sí, más o menos, yo quería... quería escapar de todo aquello, sólo tengo leves recuerdos, como cuando recuerdas un sueño. Son trazas, detalles. Sólo creo que sé que quería irme.
- Y porqué no lo hiciste?
- Si eso es lo que hice. Me fui, no? Por eso estoy aquí.
- No. Si te hubieses ido no estarías aquí. No lo hiciste de la manera correcta para poderte ir. Irte sin más.
- Sin más? Qué quieres decir?
- Eso lo tienes que descubrir tú sólo. Necesitas más tiempo.
- NO!! Espera! No te vayas! Espera!
- Espero. Tengo tiempo. Los dos lo tenemos. Pero aunque tengamos todo este tiempo, hay que saber qué hacer con él. Y ya te he dicho que no me gusta desperdiciarlo. 
- Qué tengo que hacer para que me ayudes? Por favor!
- Primero has de entender porqué estás aquí. Y luego actuar en consecuencia. Para ello has de recordar lo que pasó antes de llegar aquí.
- Sí! Bueno, recuerdo algo de lo que pasó, sí. Yo... creo que me quise ir de todo aquello, que por algún motivo no aguantaba más y...
- Si?
-... y bueno, yo, eh... hmm... 
- No existe el miedo aquí. Qué te impide recordar y contar?
- No sé... Yo... Espera!
- Espero. Aún espero.
- A ver... Creo que podría adivinar lo que pasó pero no estoy seguro. 
- No se trata de adivinar. Se trata de recordar y saber. 
- Vale! Vale. Entonces diré lo que creo saber.
- Mucho mejor.
- Creo que me metí en aquella máquina, que volví hacia atrás, que lo cambié todo, luego quería volver para ver el resultado. Creo que volví. Pero no estoy seguro de eso. Bueno, lo que quiero decir es que no estoy seguro de adónde... No. Mejor dicho, no estoy seguro de cuándo volví. Es muy confuso. Creía tenerlo todo controlado pero me dí cuenta de que era todo mucho más complicado. Siempre tuve a la Ciencia como único Dios pero ahora creo que la Ciencia no puede explicarlo todo. O sí, pero no sabemos muchas cosas. Tú tienes esas respuestas?
- Eso me lo reservo.
- Ayúdame! Qué hago aquí? Quiero volver!
- Volver? Otra vez? Volver adónde o volver cuándo? En cualquiera de los casos, no se puede "volver". No desde aquí. Desde aquí... no hay caminos. Aquí y ahora sólo se llega.
- Qué?? No entiendo!
- Entiendo.


544 días después, según el tiempo terrestre


- Hola.
- Hola...


1445 días después, según el tiempo terrestre.


- Hola.
- Hola.
- Creo que ya sé algo más.
- Me alegro.
- Esto es un castigo por lo que hice.
- Castigo?
- Consecuencia. Causa.
- Eso sí.
- Bien.
- Bien.
- Nos vemos.
- Hasta pronto.



Christian.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Anhelo


No era ansiedad. No. Esa palabra tiene regusto a limón amargo y a recuerdos oscuros y puntiagudos que luchan por salir a la luz rasgándole a uno las entrañas. Y esto desde luego estaba lejos de todo sufrimiento. Si acaso se acercaba al celo animal, a una necesidad imperiosa, aunque en este caso consciente, incluso valiente. Y todo eso latía mucho más allá del deseo. No, tampoco era llano deseo. Era el anhelo lo que mejor describía aquella sensación que lo invadió aquellos días de verano.


Cuando se despertaba por las noches no lograba conciliar de nuevo el sueño con la habitual rapidez. De repente, le venía todo. "Es jueves por la noche, mañana trabajo y... ¡Ah! Ahí está". Una sonrisa de niño de mañana navideña aparecía en su rostro sin ojos. Y se dormía de nuevo tras saborearse a sí mismo.

¿Es más placentero el regusto del anhelo o el disfrute de lo que hemos conseguido por él? Sin duda, al menos eso pensaba él, era lo primero. Pero ni los más sabios se ponen de acuerdo en eso, como se suele decir. Y acaso será verdad que la verdad de eso descansa en lugares indómitos para la comprensión humana. En su caso, él sabía que si abusaba de lo segundo, se acabaría lo primero. Y sin lo primero no había segundo. Ni nada más. Sólo pasado. Migajas de un banquete que se debía de comer aquí y ahora. Tenía al presente agarrado por los mismísimos cojones del tiempo.

Aquellos días bien podrían habernos invadido seres de otros planetas o secarse el mar entero. Ni se habría enterado. Habría recibido la información, en el trabajo o comprando esos cereales que tanto le gustaban, pero no se hubiese enterado. Casualmente en el trabajo las cosas iban mejor que nunca, y no sólo para él, que vivía en una nube de azúcar rosa, sino para sus compañeros y su maldito jefe. Hacía días que no se dirigía a él, y aquello, todos lo sabían, significaba que todo iba bien. O, como decía aquel animal: "Si nada va mal, vamos bien. No news, good news". Perdía toda autoridad el hecho de que su pronunciación del inglés no era sólo pésima sino que además a él le pasaba desapercibida. El anhelo le dotaba además de inmunidad contra los imbéciles. Él no se daba cuenta, pero sí los de su entorno. Le miraban con infantil admiración.

A medida que pasaba el día su anhelo crecía y crecía. ¿Cómo lo haría esta noche? ¿Cuándo? ¿Nada más llegar a casa? No, mejor después de cenar. Hoy se haría ese solomillo que compró ayer, además aún le quedaban pimientos de padrón. Hmm... Ya se relamía. ¿O ya de camino un primer bocado entre los imbéciles coches de esta ciudad de mierda? ¡Ja ja! Sí, podría hacer eso, vaya que lo podía hacer. Ahora sonreía cuando recordaba el momento en el que probó ese primer bocado sublime. Fue sólo un aroma, una promesa, una roca bruta y dura dispuesta a desnudarse frente a la solemnidad de su cincel. Ahora ya era mía, decía su mirada.

Era el tercer día tras haber descubierto aquella fruta que donaba vida. Y llegaba la noche. Salivaba cual macho cabrío. Hoy lo haría de nuevo. Nada podría impedírselo. De hecho, ya podía escuchar aquellas primeras notas. La memoria aún no la tenía bien registrada y así debía de continuar, no podía matar la gallina de los huevos de oro. No. Ojalá llegara muy tarde aquel matador registro mental. Ojalá durara para siempre aquel anhelo de las sensaciones provocadas y no la memorizara nunca de tanto escucharla. No podía abusar. Debía rozar la música, incluso pretender evitarla, escucharla de reojo. Como si no fuera con él. ¿Llegaría algún día a hartarse, a perderla? Le quedaban unos pocos días para tener que tomar una decisión al respecto, si no ya sería demasiado tarde. Pero de momento, hoy, esa noche, el peligro no era inminente. Su anhelo sobreviviría a mañana. Seguro. ¿Quién sabe? Quizás, incluso, sería aún mayor que el de hoy. Quizás hoy descubriría recovecos nuevos, aromas aún extraños, abismos hasta ahora ocultos. ¡Sí! ¡Lo haría nada más llegar a casa! Al cuerno con el solomillo. ¿Cómo podía manchar la grandiosidad del placer de aquella cosa innombrable con la pueril y ordinaria necesidad del hambre? ¿Cómo osaba él...?

Intentó centrarse en lo que le quedaba por hacer en la oficina. Un par de llamadas, un presupuesto (copiaría el de la semana pasada), no tenía correo nuevo... Bien. Calma. Control. Respiración. Pero no se iba. Ahí estaba, como un olor. Tenía que aprender a convivir con ello. Si no, no sólo lo echaría todo a perder sino que además se volvería loco. Debía usar su experiencia. No era la primera vez. Ni -eso esperaba- sería la última. Seguro que quedaban muchas otras por descubrir y disfrutar. Sí. Y cada vez sabría llevarlo mejor. El anhelo. El delicioso pero incontrolable anhelo. El tiempo mitigaría lo último. Ojalá nunca curara lo primero.

Al fin, nada más cerrar la puerta de su casa, sudoroso y feliz, se entregó a escucharla otra vez. No sería la última. Pero seguro que, como siempre, sería única.










Christian.

miércoles, 4 de julio de 2012

CENTRAL (Scrutinizer)


- ATENCIÓN, CENTRAL A PIERNAS, ¿QUÉ COÑO PASA AHORA?
- No sé no sé, las rodillas se me han chocado ya dos veces entre sí, no lo entiendo, parece como si nos faltara energía, como si se acabara de levantar de la siesta, ¿sabes?
- JODER, PERO SI CASI NOS CAEMOS DE BRUCES, HOSTIAS, ¿QUÉ SIESTA NI QUÉ NIÑO MUERTO?
- Ya, es muy raro, es como si…
- A VER, CORAZÓN, BAJA EL RITMO, NO SÉ PORQUÉ ESTAMOS BOMBEANDO A TODA HOSTIA, ¡NI QUE ESTUVIÉRAMOS HUYENDO DE UN DRAGÓN, COJONES!
- No empecemos ya con los grititos q sabes cómo me pones. El ritmo se ha acelerado solo, tú sabrás.
- ¿CÓMO QUE YO SABRÉ? OYE, PERO BUENO, LO QUE FALTABA, QUÉ PASA AHORA AHÍ , BOCA?
- Tch.. Me falta saliva. Tch... Las glándulas están como empanadas, no me contestan... te necesito.
- CENTRAL A GLÁNDULAS SALIVARES
- ...
- ¡CENTRAL A GLÁNDULAS SALIVARES!
- ...
- ¡¡ME CAGO EN SU PUTA MADRE!! ¡¡GLÁNDULAS!! ¡CONTESTA O TE METO UN PAQUETE QUE SE CAGA LA PERRA!
- Mmmpppff
- ¿CÓMO?? ¡¡GLÁNDULAS!!
- M-mm-mm
- ¿¿PERO QUÉ COÑO PASA AQUÍ??
- ¿Central? Central, aquí muela del juicio maxilar inferior der...
- SÍ! NO TE ENROLLES TANTO Y SUELTA
- Sí, que quería decir, antes disculpándome por saltarme el protocolo de
- ¿¿QUIERES DECIR LO QUE SEA YA DE UNA PUTA VEZ??
- Perdón, central, el caso es que veo a lo lejos a las glándulas salivares, aunque mi posición no es la idónea, sí podría llegar a afirmar con cierta certe...
- ¡¡JODER, MUELA, O DICES YA LO Q SEA O TE JURO Q TE QUEDAN 3 DÍAS!!
- Sí, bueno.... Eehh... Nada, bueno, sí, que digo que las glándulas están tumbadas en el suelo, como desmayadas, apenas se mueven. Y creo que igual por eso
- ¡VALE, CÁLLATE! CENTRAL A OJOS, CENTRAL A OJOS: BUSCADME UNA FUENTE, UN BAR, LO QUE SEA, NECESITAMOS URGENTEMENTE INGERIR LÍQUIDO.
- Jeje, qué cachondo eres, Centri, una fuente dice, si es que ...
- UNA FUENTE, SÍ, ¿QUÉ PASA?
- Pues que ¿cómo va a haber una fuente por aquí, en pleno
- ¡VALE, RECIBIDO! CENTRAL A MANOS, CENTRAL A MANOS: SACAD ESAS MONEDAS DEL BOLSILLO Y QUE OJOS ME DIGA CUÁNTO TENEMOS PARA...
- ¡Hostias! Que se me cae todo por el suel
- PERO ¿¿QUÉ COÑO OS PASA A TODOS?? ¿ESTÁIS AGILIPOLLAOS O QUÉ? ¡MANOS, ERES IDIOTA! ¡ATENCIÓN! ¡PARAMOS! HAY QUE RECOGER LAS PUTAS MONEDITAS DEL SUELO...
- Lo siento, Central, es que estamos muy sudadas, no entiendo porqué.
- JODER, YO SÍ QUE NO ENTIENDO NADA.
- ¡Central, Central, atención!
- SÍ, PIE DERECHO, ¿QUÉ PASA AHORA, HOSTIA BENDITA?
- Aaarg
- ¿PERO QUÉ TE PASA?
- ¡Mierda, mierda! ¡Hemos pisado una mierda!
- PERO NO ME JODAS?? ¡¡OJOS!! ¿¿ERES IMBÉCIL O QUÉ??
- Eh, tranqui, ¿eh? Siempre a mí, ¿no? Mira esto, mira lo otro, que si las monedas, que si busca un bar,... Por no hablar de la fuente, no te j...
- ¡¡OYE, ESTÚPIDO DE LAS NARICES!! NO TE PASES NI UN PELO CONMIGO, EH?? ¿¿QUIÉN COÑO HA DE AVISARME DE QUE HAY UNA MIERDA EN EL SUELO SI NO ERES TÚ, GILIPOLLAS, LA PUTA MUELA DEL JUICIO??
- Bueno, central, qué culpa tengo yo de...
- ¡¡CÁLLATEEEE!! DIOS, ME VA A DAR ALGO...
- ¡Atención, Central! Aquí glándula olfativa. Huele como a... Caramba, es como...
- AHORA SE ENTERA ESTE... MANOS, ¿CÓMO VA ESO?
- Pues no sé, tú dirás, ¿recojo las monedas o limpio la mierda?
- HOSTIAS, CORAZÓN, PERO ¿¿QUÉ TE PASA??
- Pues... no sé, no puedo bajar el ritmo.
- ¿PERO QUÉ HACES A 130xMINUTO?? ¿¿NOS QUIERES MATAR A TODOS O QUÉ??
- ...
- ¡¡CORAZÓN!!
- ¡No me hables así, so bruto! ¡Bobo! ¡Tonto!
- Jojojojo
- ¡SILENCIO! ... JOOODER, LO Q FALTABA. A VER... ¿PUEDES POR FAVOR, CUANDO TENGAS UN MOMENTITO, INTENTAR BAJAR EL RITMO UN POQUITO, CORAZÓN?
- Snif...
- ¿EH?
- Bueno... Snif... Si ya lo intento. Pero es que no puedo bajarlo. Estamos muy nerviosos.
- ¿¿PERO NERVIOSOS PORQUÉ??
- ¡¡Por esto!! ¡Hos-tiás! ¡Pero qué buena está, mi madre! ¡Joder, qué tetas!
- ¡OJOS, ME TIENES HASTA LAS PELOTAS! ¡ESO ES UNA FALTA GRAVE! NADIE HABLA SIN Q YO
- ¿¿Pero es q no lo ves??
- ¡¡COÑIÓ!! LO VEO, LO VEO. LA HEMOS CAGAO ¿CON ESA PEAZO DE PIBA HEMOS QUEDADO? NO ME LO CREO.
- ¡Ni yo! ¡Me voy a poner las botas!
- BUENO A VER, ¡¡CALMA TODO EL MUNDO!!
- ¡Manos a Central! ¡Manos a Central! Alarma! Mierda!!
- PERO QUÉ COÑ
- ¡¡Aaaaarg, qué asco!! ¡Los ojos tienen la culpa, nada más que pendientes de las tetas! Ojos, eres un capullo, te odio a muerte, cabrón, ¡¡te mato!!
- PESTAÑAS: ¡¡ABAJO!! MANOS: ¡QUIETOOOOOOO!

· Hola. Eres Simón, ¿no? Soy Ágata. La del chat. Hola. ¿Estás bien? ¡Huy! Pero, ¿qué es eso/que tienes/en la cara?


Christian.

jueves, 10 de mayo de 2012

Mil días


Sanda se fue con el Monzón.

Yukhi no estaba muy de acuerdo. Yukhi no estaba nunca muy de acuerdo con nada ni con nadie. Siempre tenía la misma expresión en su rostro. Como de desaprobación. Como de "ya, bueno, tú sabrás". Y callaba. Pocas veces hablaba y nunca sabías qué rondaba su cabeza. Era una mujer sencilla, sin muchos amigos, dedicada a sus hijos y a su marido, en este orden. Y a su perro, el cual no podía separarse de ella y tenía, como suele pasar, su misma expresión de indulgencia. 
Sanda partió una lluviosa pero amable mañana de octubre, con pocas cosas a la espalda, varias en la cabeza y muchas en el corazón. Eso parecía decirle a Yukhi cuando se despidió de ella, con un sincero pero parco beso en la barbilla, como solían hacer desde que se conocieron. Los niños le decían adiós con lágrimas en los ojos. Menos Vishnu, muy orgulloso porque se había quedado con los zapatos viejos de su padre.
 
Sanda estuvo mil días fuera de casa. Ni uno más ni uno menos. Nadie los contó, sin embargo.
Durante todos esos días vivió experiencias únicas y visitó todo tipo de lugares, pasó frío y calor extremo, lloró de alegría pero también de dolor. Perdió dos dientes, sus zapatos nuevos y se trajo consigo pocas respuestas. ¿Qué cosa era la cosa más bella de la Tierra? ¿Un animal, un momento en el espacio, el mar, la arena del desierto? Sus ojos y su corazón pudieron disfrutar tras gran esfuerzo y mucha paciencia del esquivo irbis, el leopardo de las nieves, en alguna perdida y nevada ladera del Himalaya. En Kamtchatka vio fugazmente al leopardo del Amur, así como al gran felino del norte, el más grande del mundo, el tigre de Siberia.Y ocelotes en Brasil. Y los impresionantes caballos salvajes de las praderas de Virginia. Y ciervos de cornamentas como raíces de roble. Y robles más altos que el vuelo de un águila. Y águilas doradas con grandes ojos de ciervo. Y las maravillas de los mares del sur, donde reina el tiburón tigre, el animal mejor adaptado a su medio que Sanda pudo haber encontrado jamás. Y todos los paisajes y cielos estrellados que le dejaron sin aire. Y el eclipse de Luna desde la cima de la gran Roca de Ayers en la roja Australia.
 
Mil días, mil maravillas. Ninguna respuesta.
 
Sanda llegó abatido, mucho más delgado y moreno. Sus hijos estaban en la escuela aún y Yukhi le recibió con más alivio que alegría. Se dio cuenta al instante de que algo había cambiado. El perro no estaba. Pero había algo más.
Detrás de Yukhi apareció un pequeño cachorro humano. Tenía grandes ojos verdes y largo cabello azabache, y dientes blancos tras la más tierna sonrisa que había visto nunca. Había nacido, sin él saberlo, su cuarto hijo. Era una niña. Lloró de alegría. Y de alivio. Su desazón se tornó en humilde vergüenza. Yukhi le miró a los ojos y le dijo con ellos, plenos de condescendencia, que ella ya lo sabía. Sabía que su búsqueda iba a ser inútil, desde el principio. La criatura más bella de la tierra estaba aquí, entre estas cuatro paredes. El mundo, repleto de maravillas, podía esperar. Quizás esa niña lo descubriría algún día.


Christian.

martes, 3 de abril de 2012

ZZZ

Se dice que un tercio de nuestra vida la pasamos durmiendo. A muchos eso les parece un total desperdicio. Piensan que ojalá nos bastara con la mitad, tendríamos cuatro horas más al día. La de cosas que podríamos hacer, libres de la larga esclavitud del descanso. E incluso nos podríamos permitir estar dos días seguidos sin dormir, sólo son 4 horas las que tenemos que recuperar. Pan comido.
Estas personas argumentan que la vida es para vivirla, no para dormirla en la cama. Ese es su gran slogan. Que los que duermen mucho se pierden vida, la desperdician.

Un amigo cayó una vez en la cuenta de que si duermes más de ocho horas al día y por otro lado te pasas un tercio de la vida en la cama, pues por lógica vas a vivir muchos más años que el que duerme menos al día. Esos dos tercios que le quedan por vivir al dormilón alguna vez llegarán, en forma de horas diurnas. Muchas horas. Mucho tiempo. Mucha vida. Y mientras, el que dormía poco para vivir más, criando malvas, durmiendo eternamente.

Así que ya sabéis: no temáis estaros perdiendo nada por quedaros el sábado hasta la una en la cama porque tendréis muchos más sábados desde la una que sábados tendrán los que se levantan a las ocho.

Ah, y felices sueños.


Christian.

jueves, 8 de marzo de 2012

Palabras

Y una tarde los dioses comentaron: “Este mundo es perfecto, hace falta confusión.” Y decidieron, por unanimidad, hacer hablar al hombre.

En la era de la comunicación, a veces deseo ser muda. Hablar crea conflictos y a las relaciones humanas les falta comunicación. ¿Cómo puede ser si estamos todo el día hablando?
Palabras dichas, escritas, sentimientos transcritos a palabras. Palabras dulces, palabras agresivas, peyorativas... La primera palabra, la última palabra... Derroche de palabras para tapar huecos silenciosos, inundación de palabras para hacerse entender.

Sueño con un silencio colectivo para poder entendernos con la mirada. Deberían ser herramientas de comunicación, no armas de batalla... Sólo una palabra más: GRACIAS



N...

jueves, 2 de febrero de 2012

Una década

2002
Y estarás allí.
Donde la voces no se oyen,
donde la sonrisa no es una opción.
Y sueño que una luz que no deslumbra
te agarra sin tocarte,
te habla sin palabras,
y te hace volver.

2012
Allá donde te fuiste, ya llegaré.
Y en el silencio del sonido
te hablaré, sin palabras.
Te abrazaré, sin tocarte.
Llegaré y entenderé.
Se iluminará el espacio más oscuro en mí
y el rescoldo de dolor que llevo se apagará.


N.