Hola

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martes, 26 de abril de 2016

Ángel

He soñado que tocaba la trompeta. Estoy rodeado de músicos –son buenos de verdad, todos negros y vestidos de traje- y me invitan a soplar una. Le saco un par de buenos sonidos limpios y armónicos, un par de frases cortas, a lo Miles. Ellos me miran con aprobación mientras suena precisamente Miles Davis, con lo que tengo que parar de hablar con ellos para disfrutarlo. Me siguen mirando con aprobación. Ya soy uno de ellos.
Debe ser que leer Sandman antes de dormir reactiva el músculo que hace que se escapen los sueños de sus residencias palaciegas más allá de nuestro alcance, como si vivieran en las casas de los ricos, allá en esos barrios en los que el metro no llega. ¿Es sólo una cuestión de azar? ¿Qué (o quién) decide de qué nos vamos a acordar? No me importa. Bienvenidos sean siempre.

Me he comprado una trompeta. No he tocado una nunca. Salvo en sueños. Es preciosa. Se llama Ainë. La he desenfundado y la he tenido en mis manos un buen rato. Nos hemos acariciado, mirado. Pero no me atrevo a besarla aún. Siento que tengo q soñarla de nuevo. Así que esta noche me dormiré con Sandman otra vez. No me hace falta escuchar a Miles, eso ya viene conmigo.

No tengo reparos en reconocer que prefiero dormir a vivir despierto. Suelo dormir más de 12 horas diarias. Mebael me dice que no estoy aprovechando esta vida. Ya no me acuerdo del último amanecer que ví. Me pierdo cualquier cosa que pueda pasar por las mañanas ya que hasta la hora de comer ni se me ocurre levantarme. Adoro las noches y su quietud y me desasosiega la actividad humana y la luz del Sol. No tengo pareja ni por supuesto hijos, eso no es para nosotros. Pero tengo dos gatas. Y una trompeta. Y todos vivimos en completa armonía.
Internet me permitió no tener que salir a comprar, algo que siempre había detestado. Fue como una bendición. Comida, ropa, electrodomésticos, música, gestiones bancarias, fiscales. Sólo uso Internet para estas cosas. No soy usuario de ninguna red social. Tampoco practico ningún deporte ni hago ejercicio fuera de mi pequeño apartamento. Apenas salgo, únicamente a pasear cuando llueve. Eso sí me gusta mucho. No tengo teléfono ni leo la prensa ni me interesan los deportes. No sé qué pensarían mis padres de cómo he escogido vivir. Ya apenas los echo de menos, ha pasado mucho tiempo. Sólo sueño muy de vez en cuando con ellos, siempre aparecen juntos, nunca sueño con sólo uno de los dos. El destino lo quiso así y tras el accidente mi tío se encargó de todo. Me trajo unos papeles y un extracto bancario. Con todo lo que me habían dejado, junto con el apartamento, calculé que podía vivir sin aprietos hasta los 55 años. Justo. El día que se me acabe, es decir, el 11 de agosto de 2036, me iré de aquí por la vía rápida, en el AVE que acaba en el otro lado del túnel. Como no sé qué me espera en el otro lado, no gasto ni un minuto en pensar sobre ello. Tampoco se lo he contado a Mebael. Ni a Rafael. Ya me los encontraré ahí.
Tengo 1.123 libros, todos heredados por parte de madre. Algunos me los he leído casi por obligación y muchos me han sorprendido. También poseo más de 1.000 CD’s de música y de ellos apenas escucho con regularidad unos 15. Con eso me sobra.

No sé qué es la felicidad ya que mi vida apenas cambia con el paso de los días, hago lo mismo un 15 de julio que un 25 de diciembre. Tengo la suerte de que aquí donde vivo la temperatura apenas cambia a lo largo del año, y todo va desde abrir algo la ventana antes de irme a dormir hasta ponerme una ligera rebeca de madrugada. Eso es todo. Tampoco llevo la cuenta de los días de la semana y si me entero de qué día es es porque me llega alguna notificación al ordenador, del que he suprimido la molesta hora y fecha de abajo a la derecha.
Salvo Mebael y los demás no tengo amigos ni conocidos, nadie me busca ni yo pregunto por nadie. No me interesa. Además sería imprudente y ese fue el trato al que llegué con el Dios de este mundo: no tener contacto con nadie. Soy un caso único en este tiempo, aunque me han explicado que siglos atrás esto era bastante más común que ahora. Ya nadie prefiere quedarse. Eso jugó a mi favor, desde luego. Aunque yo ni lo sabía. Y no acabo de entenderlo. Mi vida ahora es una maravillosa sucesión de lentos minutos, un mar calmo y eterno, no conozco la premura ni el ayer, soy como esa carta del Tarot que invita a recogerse. Observo cómo el viento mueve las hojas de los sauces del parque y cómo la luz juega con ellas. Todo es perfecto, nada sobra o falta, el simple hecho de existir es como la más placentera de las siestas del verano.


Un día pasó algo distinto. No era la primera vez que alguien llamaba a mi puerta, desde luego, pero la voz que me llegó tras las dos tandas de suaves y cortos golpes en la madera me produjo una sensación que había ya olvidado. Normalmente la gente desiste rápidamente y se va a los pocos segundos, pero ese día alguien se quedó más de lo habitual y susurró unas palabras que no logré entender. Sin embargo no fueron las palabras, fue la voz. Era femenina, joven, frágil. Hermosa como un claro de Luna, hermosa como la pieza de Debussy. Me quedé de piedra escuchando aquellos sonidos. Me imaginaba los labios por los que salía el aire domado de aquella mujer. Su pecho. Su sudor limpio. Su pelo, su piel. Tuve q buscar en Internet.
Me pasé casi cuatro días seguidos recabando información, mirando vídeos, fotos, cuadros. Y entonces fue cuando me acordé.
Igual que un sueño baja hasta nosotros, dejando un placentero hueco en su origen y llenado otro en su destino, igual que una fruta madura cae, a mí me llegó el recuerdo de lo que se me había privado en esta regalada vida. Todo empezó a cambiar, al principio lentamente, y al cabo de pocos días mi ordenada y placentera existencia se vio sacudida como un huracán arrasando una guardería. 
No tuve que esperar mucho a que Gabriel me viniera a visitar. Llegó con Rafael, aunque este último no pronunció ni una sola palabra. Por algo que estaban aún estudiando se había producido un fallo, algo inexplicable: había sobrepasado mi condición y había renacido en mí algo cuya ausencia era precisamente una de las más importantes características de lo que se supone que somos. Era anti natural. Lo primero que me dijo Rafael era que mi aspecto había cambiado. Sudaba, me había salido barba, tenía ojeras, hacía ruido al moverme. De momento querían que siguiera en mi puesto habitual, valía la pena ver cómo se desarrollaban los acontecimientos, experimentar conmigo para acabar de entender cómo el Deseo había logrado sobrepasar la Puerta. Me sentí maltratado por Rafael, y más por Gabriel con su incómodo e inhabitual silencio. El Dios de este mundo no estaba disgustado conmigo pero estaba claro que este asunto le estaba incordiando. Esto era inaudito. Me intentaron transmitir tranquilidad pero el efecto fue el contrario, como suele pasar en estos casos. “Quédate aquí como siempre, no salgas y no veas a nadie. Como siempre. Todo sigue igual”.
Pero ya nada fue igual. El cambio fue drástico. Me pudo el aburrimiento, la dejadez. Apenas cocinaba. Dormía poco y muchas veces mal. La sonrisa se desvaneció de mi rostro, que cambió en pocos días hasta el punto que me salieron arrugas, granos, yagas, caries. Me dolía constantemente la espalda. Ya ni dormir podía. Cada vez que intentaba reanudar mis quehaceres me sobresaltaba una ola de rencor y de pena, amarga y desagradecida. Intentaba disimular, recordar cómo era todo apenas unas semanas atrás y actuar como entonces. Era inútil, frustrante. Me empezó a doler el vientre durante todo el tiempo que estaba despierto, era como un peso inmóvil que me quitó el apetito y las ganas de respirar. La desesperación hizo acto de presencia y decidí que de seguir así una semana más me iba en el AVE antes de tiempo. Una pena, pero así no se podía seguir.

La segunda visita de Rafael, que esta vez vino solo, fue mucho más corta. Apenas me miró. Habían decidido que no podía volver, al menos de momento. Y que debía esperar. Que siguiera igual, con mis libros y mi plácida vida. Sin ver a nadie. Iba para largo. Ni se atrevió a mencionarla. Pero yo ya había tomado una decisión. Tenía que escuchar aquella voz de nuevo. Y ver cómo eran esos labios por los que salía ese aliento que hizo tambalearse las columnas de la Creación.

viernes, 3 de mayo de 2013

Hasta pronto


- Hola.
- Hola.
- Ah, esto es un sueño, no?
- No exactamente, pero es algo parecido, sí.
- Ajá. Nunca me acuerdo de los sueños, sabes?
- Yo no he soñado nunca.
- Qué hacemos aquí? Quién eres?
- Bueno, eras tú el que querías saber cosas de tu futuro. Y viajar al pasado. Y cambiarlo todo. Te acuerdas?
- Ah, sí. Sí. Claro. Es eso entonces? Ahora no me acuerdo del todo pero creo hice algo... 
- Arriesgado?
- Bueno, sí. Yo diría que valiente. Y desesperado.
- Y peligroso.
- Sí, bueno, a estas alturas nada me da miedo. De donde vengo yo las cosas están... bueno, muy muy mal, sabes?
- Sí, lo sé.
- Bueno. Así que... aquí estamos. Entonces todo ha salido bien?
- Bien o mal. No. No tiene que ver con eso. Eso es demasiado básico, demasiado... No.
- Entonces qué pasa ahora?
- Ahora? Ese es otro término demasiado inexacto. Improcedente.
- Quieres decir que el "ahora" no es ahora? No entiendo.
- Pues entonces puede que tengas un problema.
- Pero vamos a ver: estoy soñando, vale, entonces
- No sabes si estás soñando.
- ¿No has dicho que...?
- Que es algo parecido. Y tampoco he dicho que fueras tú el que está soñando.
- Huy huy, esto me está empezando a hacer sentir como mareado.
- Es normal. 
- Vale. Eso me reconforta. Entonces... ahora qué?
- No sé. Yo siempre he estado aquí. Eres tú el que ha llegado aquí, no yo. De hecho, debería ser yo el que te hiciera algunas preguntas. Pero de momento no creo que obtuviera respuestas.
- Entonces? Qué hago?
- No sé. Eres tú el que ha llegado aquí. Tu sabrás.
- Ya. Pues... No sé.
- Ese es el problema principal.
- Qué problema? No saber qué hacer?
- No. Más bien, no saber.
- A ver, me estás poniendo nervioso. Tú dices que ya estabas aquí y yo he aparecido como en un sueño y el ahora no es ahora y no sé qué.
- Yo no he dicho eso exactamente, pero sí, puede valer de momento. Lo importante es ese "no sé qué". 
- Y tú me lo podrías explicar?
- Sí. Podría ayudarte a entender. Pero de momento no lo haré.
- Pero porqué?
- Porque para poder llegar hasta aquí hay que haber entendido antes. No después. Aquí morarás hasta que nos veamos de nuevo. Necesitas tiempo para poder pensar y entender. Mucho tiempo. Pero eso no es problema. No aquí. Ya te he dicho que aquí el "ahora" no es ahora. Hasta pronto.


455 días despúes, según el tiempo terrestre


- Hey! Hey!! Hola! Eres tú? Heeey!!
- Hola.
- Ya era hora! No sabes todo el tiempo que he estado...
- Pensando?
- Bueno, sí. Pensando, qué remedio. Y esperando! Sobre todo esperando!
- A qué?
- A tí! A... no sé. A que pasara algo! Esto es increíble! Qué hago aquí?
- Veo que no has aprovechado mucho el tiempo.
- No te vayas!! Espera!
- No tengo prisa. Pero no me gusta perder el tiempo. Ni siquiera aquí. Tengo otras cosas que hacer.
- Vale! Espera! Ayúdame!
- Que te ayude? Yo? No. Me temo que eso no es posible. 
- Pero tú pareces saber mucho mejor que yo todo lo que pasa, ayúdame a salir de aquí. He estado recordando, o soñando, no sé. Yo tenía otra vida diferente antes. Antes dormía, comía, me relacionaba con otras personas. Aquí no hay nada ni nadie! Qué hago aquí? Quiero volver!
- Volver?? JAJAJA! Esto es realmente gracioso. Aunque no me sorprende. Es que no te acuerdas de porqué estás aquí?
- Bueno, sí, más o menos, yo quería... quería escapar de todo aquello, sólo tengo leves recuerdos, como cuando recuerdas un sueño. Son trazas, detalles. Sólo creo que sé que quería irme.
- Y porqué no lo hiciste?
- Si eso es lo que hice. Me fui, no? Por eso estoy aquí.
- No. Si te hubieses ido no estarías aquí. No lo hiciste de la manera correcta para poderte ir. Irte sin más.
- Sin más? Qué quieres decir?
- Eso lo tienes que descubrir tú sólo. Necesitas más tiempo.
- NO!! Espera! No te vayas! Espera!
- Espero. Tengo tiempo. Los dos lo tenemos. Pero aunque tengamos todo este tiempo, hay que saber qué hacer con él. Y ya te he dicho que no me gusta desperdiciarlo. 
- Qué tengo que hacer para que me ayudes? Por favor!
- Primero has de entender porqué estás aquí. Y luego actuar en consecuencia. Para ello has de recordar lo que pasó antes de llegar aquí.
- Sí! Bueno, recuerdo algo de lo que pasó, sí. Yo... creo que me quise ir de todo aquello, que por algún motivo no aguantaba más y...
- Si?
-... y bueno, yo, eh... hmm... 
- No existe el miedo aquí. Qué te impide recordar y contar?
- No sé... Yo... Espera!
- Espero. Aún espero.
- A ver... Creo que podría adivinar lo que pasó pero no estoy seguro. 
- No se trata de adivinar. Se trata de recordar y saber. 
- Vale! Vale. Entonces diré lo que creo saber.
- Mucho mejor.
- Creo que me metí en aquella máquina, que volví hacia atrás, que lo cambié todo, luego quería volver para ver el resultado. Creo que volví. Pero no estoy seguro de eso. Bueno, lo que quiero decir es que no estoy seguro de adónde... No. Mejor dicho, no estoy seguro de cuándo volví. Es muy confuso. Creía tenerlo todo controlado pero me dí cuenta de que era todo mucho más complicado. Siempre tuve a la Ciencia como único Dios pero ahora creo que la Ciencia no puede explicarlo todo. O sí, pero no sabemos muchas cosas. Tú tienes esas respuestas?
- Eso me lo reservo.
- Ayúdame! Qué hago aquí? Quiero volver!
- Volver? Otra vez? Volver adónde o volver cuándo? En cualquiera de los casos, no se puede "volver". No desde aquí. Desde aquí... no hay caminos. Aquí y ahora sólo se llega.
- Qué?? No entiendo!
- Entiendo.


544 días después, según el tiempo terrestre


- Hola.
- Hola...


1445 días después, según el tiempo terrestre.


- Hola.
- Hola.
- Creo que ya sé algo más.
- Me alegro.
- Esto es un castigo por lo que hice.
- Castigo?
- Consecuencia. Causa.
- Eso sí.
- Bien.
- Bien.
- Nos vemos.
- Hasta pronto.



Christian.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Anhelo


No era ansiedad. No. Esa palabra tiene regusto a limón amargo y a recuerdos oscuros y puntiagudos que luchan por salir a la luz rasgándole a uno las entrañas. Y esto desde luego estaba lejos de todo sufrimiento. Si acaso se acercaba al celo animal, a una necesidad imperiosa, aunque en este caso consciente, incluso valiente. Y todo eso latía mucho más allá del deseo. No, tampoco era llano deseo. Era el anhelo lo que mejor describía aquella sensación que lo invadió aquellos días de verano.


Cuando se despertaba por las noches no lograba conciliar de nuevo el sueño con la habitual rapidez. De repente, le venía todo. "Es jueves por la noche, mañana trabajo y... ¡Ah! Ahí está". Una sonrisa de niño de mañana navideña aparecía en su rostro sin ojos. Y se dormía de nuevo tras saborearse a sí mismo.

¿Es más placentero el regusto del anhelo o el disfrute de lo que hemos conseguido por él? Sin duda, al menos eso pensaba él, era lo primero. Pero ni los más sabios se ponen de acuerdo en eso, como se suele decir. Y acaso será verdad que la verdad de eso descansa en lugares indómitos para la comprensión humana. En su caso, él sabía que si abusaba de lo segundo, se acabaría lo primero. Y sin lo primero no había segundo. Ni nada más. Sólo pasado. Migajas de un banquete que se debía de comer aquí y ahora. Tenía al presente agarrado por los mismísimos cojones del tiempo.

Aquellos días bien podrían habernos invadido seres de otros planetas o secarse el mar entero. Ni se habría enterado. Habría recibido la información, en el trabajo o comprando esos cereales que tanto le gustaban, pero no se hubiese enterado. Casualmente en el trabajo las cosas iban mejor que nunca, y no sólo para él, que vivía en una nube de azúcar rosa, sino para sus compañeros y su maldito jefe. Hacía días que no se dirigía a él, y aquello, todos lo sabían, significaba que todo iba bien. O, como decía aquel animal: "Si nada va mal, vamos bien. No news, good news". Perdía toda autoridad el hecho de que su pronunciación del inglés no era sólo pésima sino que además a él le pasaba desapercibida. El anhelo le dotaba además de inmunidad contra los imbéciles. Él no se daba cuenta, pero sí los de su entorno. Le miraban con infantil admiración.

A medida que pasaba el día su anhelo crecía y crecía. ¿Cómo lo haría esta noche? ¿Cuándo? ¿Nada más llegar a casa? No, mejor después de cenar. Hoy se haría ese solomillo que compró ayer, además aún le quedaban pimientos de padrón. Hmm... Ya se relamía. ¿O ya de camino un primer bocado entre los imbéciles coches de esta ciudad de mierda? ¡Ja ja! Sí, podría hacer eso, vaya que lo podía hacer. Ahora sonreía cuando recordaba el momento en el que probó ese primer bocado sublime. Fue sólo un aroma, una promesa, una roca bruta y dura dispuesta a desnudarse frente a la solemnidad de su cincel. Ahora ya era mía, decía su mirada.

Era el tercer día tras haber descubierto aquella fruta que donaba vida. Y llegaba la noche. Salivaba cual macho cabrío. Hoy lo haría de nuevo. Nada podría impedírselo. De hecho, ya podía escuchar aquellas primeras notas. La memoria aún no la tenía bien registrada y así debía de continuar, no podía matar la gallina de los huevos de oro. No. Ojalá llegara muy tarde aquel matador registro mental. Ojalá durara para siempre aquel anhelo de las sensaciones provocadas y no la memorizara nunca de tanto escucharla. No podía abusar. Debía rozar la música, incluso pretender evitarla, escucharla de reojo. Como si no fuera con él. ¿Llegaría algún día a hartarse, a perderla? Le quedaban unos pocos días para tener que tomar una decisión al respecto, si no ya sería demasiado tarde. Pero de momento, hoy, esa noche, el peligro no era inminente. Su anhelo sobreviviría a mañana. Seguro. ¿Quién sabe? Quizás, incluso, sería aún mayor que el de hoy. Quizás hoy descubriría recovecos nuevos, aromas aún extraños, abismos hasta ahora ocultos. ¡Sí! ¡Lo haría nada más llegar a casa! Al cuerno con el solomillo. ¿Cómo podía manchar la grandiosidad del placer de aquella cosa innombrable con la pueril y ordinaria necesidad del hambre? ¿Cómo osaba él...?

Intentó centrarse en lo que le quedaba por hacer en la oficina. Un par de llamadas, un presupuesto (copiaría el de la semana pasada), no tenía correo nuevo... Bien. Calma. Control. Respiración. Pero no se iba. Ahí estaba, como un olor. Tenía que aprender a convivir con ello. Si no, no sólo lo echaría todo a perder sino que además se volvería loco. Debía usar su experiencia. No era la primera vez. Ni -eso esperaba- sería la última. Seguro que quedaban muchas otras por descubrir y disfrutar. Sí. Y cada vez sabría llevarlo mejor. El anhelo. El delicioso pero incontrolable anhelo. El tiempo mitigaría lo último. Ojalá nunca curara lo primero.

Al fin, nada más cerrar la puerta de su casa, sudoroso y feliz, se entregó a escucharla otra vez. No sería la última. Pero seguro que, como siempre, sería única.










Christian.

miércoles, 4 de julio de 2012

CENTRAL (Scrutinizer)


- ATENCIÓN, CENTRAL A PIERNAS, ¿QUÉ COÑO PASA AHORA?
- No sé no sé, las rodillas se me han chocado ya dos veces entre sí, no lo entiendo, parece como si nos faltara energía, como si se acabara de levantar de la siesta, ¿sabes?
- JODER, PERO SI CASI NOS CAEMOS DE BRUCES, HOSTIAS, ¿QUÉ SIESTA NI QUÉ NIÑO MUERTO?
- Ya, es muy raro, es como si…
- A VER, CORAZÓN, BAJA EL RITMO, NO SÉ PORQUÉ ESTAMOS BOMBEANDO A TODA HOSTIA, ¡NI QUE ESTUVIÉRAMOS HUYENDO DE UN DRAGÓN, COJONES!
- No empecemos ya con los grititos q sabes cómo me pones. El ritmo se ha acelerado solo, tú sabrás.
- ¿CÓMO QUE YO SABRÉ? OYE, PERO BUENO, LO QUE FALTABA, QUÉ PASA AHORA AHÍ , BOCA?
- Tch.. Me falta saliva. Tch... Las glándulas están como empanadas, no me contestan... te necesito.
- CENTRAL A GLÁNDULAS SALIVARES
- ...
- ¡CENTRAL A GLÁNDULAS SALIVARES!
- ...
- ¡¡ME CAGO EN SU PUTA MADRE!! ¡¡GLÁNDULAS!! ¡CONTESTA O TE METO UN PAQUETE QUE SE CAGA LA PERRA!
- Mmmpppff
- ¿CÓMO?? ¡¡GLÁNDULAS!!
- M-mm-mm
- ¿¿PERO QUÉ COÑO PASA AQUÍ??
- ¿Central? Central, aquí muela del juicio maxilar inferior der...
- SÍ! NO TE ENROLLES TANTO Y SUELTA
- Sí, que quería decir, antes disculpándome por saltarme el protocolo de
- ¿¿QUIERES DECIR LO QUE SEA YA DE UNA PUTA VEZ??
- Perdón, central, el caso es que veo a lo lejos a las glándulas salivares, aunque mi posición no es la idónea, sí podría llegar a afirmar con cierta certe...
- ¡¡JODER, MUELA, O DICES YA LO Q SEA O TE JURO Q TE QUEDAN 3 DÍAS!!
- Sí, bueno.... Eehh... Nada, bueno, sí, que digo que las glándulas están tumbadas en el suelo, como desmayadas, apenas se mueven. Y creo que igual por eso
- ¡VALE, CÁLLATE! CENTRAL A OJOS, CENTRAL A OJOS: BUSCADME UNA FUENTE, UN BAR, LO QUE SEA, NECESITAMOS URGENTEMENTE INGERIR LÍQUIDO.
- Jeje, qué cachondo eres, Centri, una fuente dice, si es que ...
- UNA FUENTE, SÍ, ¿QUÉ PASA?
- Pues que ¿cómo va a haber una fuente por aquí, en pleno
- ¡VALE, RECIBIDO! CENTRAL A MANOS, CENTRAL A MANOS: SACAD ESAS MONEDAS DEL BOLSILLO Y QUE OJOS ME DIGA CUÁNTO TENEMOS PARA...
- ¡Hostias! Que se me cae todo por el suel
- PERO ¿¿QUÉ COÑO OS PASA A TODOS?? ¿ESTÁIS AGILIPOLLAOS O QUÉ? ¡MANOS, ERES IDIOTA! ¡ATENCIÓN! ¡PARAMOS! HAY QUE RECOGER LAS PUTAS MONEDITAS DEL SUELO...
- Lo siento, Central, es que estamos muy sudadas, no entiendo porqué.
- JODER, YO SÍ QUE NO ENTIENDO NADA.
- ¡Central, Central, atención!
- SÍ, PIE DERECHO, ¿QUÉ PASA AHORA, HOSTIA BENDITA?
- Aaarg
- ¿PERO QUÉ TE PASA?
- ¡Mierda, mierda! ¡Hemos pisado una mierda!
- PERO NO ME JODAS?? ¡¡OJOS!! ¿¿ERES IMBÉCIL O QUÉ??
- Eh, tranqui, ¿eh? Siempre a mí, ¿no? Mira esto, mira lo otro, que si las monedas, que si busca un bar,... Por no hablar de la fuente, no te j...
- ¡¡OYE, ESTÚPIDO DE LAS NARICES!! NO TE PASES NI UN PELO CONMIGO, EH?? ¿¿QUIÉN COÑO HA DE AVISARME DE QUE HAY UNA MIERDA EN EL SUELO SI NO ERES TÚ, GILIPOLLAS, LA PUTA MUELA DEL JUICIO??
- Bueno, central, qué culpa tengo yo de...
- ¡¡CÁLLATEEEE!! DIOS, ME VA A DAR ALGO...
- ¡Atención, Central! Aquí glándula olfativa. Huele como a... Caramba, es como...
- AHORA SE ENTERA ESTE... MANOS, ¿CÓMO VA ESO?
- Pues no sé, tú dirás, ¿recojo las monedas o limpio la mierda?
- HOSTIAS, CORAZÓN, PERO ¿¿QUÉ TE PASA??
- Pues... no sé, no puedo bajar el ritmo.
- ¿PERO QUÉ HACES A 130xMINUTO?? ¿¿NOS QUIERES MATAR A TODOS O QUÉ??
- ...
- ¡¡CORAZÓN!!
- ¡No me hables así, so bruto! ¡Bobo! ¡Tonto!
- Jojojojo
- ¡SILENCIO! ... JOOODER, LO Q FALTABA. A VER... ¿PUEDES POR FAVOR, CUANDO TENGAS UN MOMENTITO, INTENTAR BAJAR EL RITMO UN POQUITO, CORAZÓN?
- Snif...
- ¿EH?
- Bueno... Snif... Si ya lo intento. Pero es que no puedo bajarlo. Estamos muy nerviosos.
- ¿¿PERO NERVIOSOS PORQUÉ??
- ¡¡Por esto!! ¡Hos-tiás! ¡Pero qué buena está, mi madre! ¡Joder, qué tetas!
- ¡OJOS, ME TIENES HASTA LAS PELOTAS! ¡ESO ES UNA FALTA GRAVE! NADIE HABLA SIN Q YO
- ¿¿Pero es q no lo ves??
- ¡¡COÑIÓ!! LO VEO, LO VEO. LA HEMOS CAGAO ¿CON ESA PEAZO DE PIBA HEMOS QUEDADO? NO ME LO CREO.
- ¡Ni yo! ¡Me voy a poner las botas!
- BUENO A VER, ¡¡CALMA TODO EL MUNDO!!
- ¡Manos a Central! ¡Manos a Central! Alarma! Mierda!!
- PERO QUÉ COÑ
- ¡¡Aaaaarg, qué asco!! ¡Los ojos tienen la culpa, nada más que pendientes de las tetas! Ojos, eres un capullo, te odio a muerte, cabrón, ¡¡te mato!!
- PESTAÑAS: ¡¡ABAJO!! MANOS: ¡QUIETOOOOOOO!

· Hola. Eres Simón, ¿no? Soy Ágata. La del chat. Hola. ¿Estás bien? ¡Huy! Pero, ¿qué es eso/que tienes/en la cara?


Christian.

jueves, 10 de mayo de 2012

Mil días


Sanda se fue con el Monzón.

Yukhi no estaba muy de acuerdo. Yukhi no estaba nunca muy de acuerdo con nada ni con nadie. Siempre tenía la misma expresión en su rostro. Como de desaprobación. Como de "ya, bueno, tú sabrás". Y callaba. Pocas veces hablaba y nunca sabías qué rondaba su cabeza. Era una mujer sencilla, sin muchos amigos, dedicada a sus hijos y a su marido, en este orden. Y a su perro, el cual no podía separarse de ella y tenía, como suele pasar, su misma expresión de indulgencia. 
Sanda partió una lluviosa pero amable mañana de octubre, con pocas cosas a la espalda, varias en la cabeza y muchas en el corazón. Eso parecía decirle a Yukhi cuando se despidió de ella, con un sincero pero parco beso en la barbilla, como solían hacer desde que se conocieron. Los niños le decían adiós con lágrimas en los ojos. Menos Vishnu, muy orgulloso porque se había quedado con los zapatos viejos de su padre.
 
Sanda estuvo mil días fuera de casa. Ni uno más ni uno menos. Nadie los contó, sin embargo.
Durante todos esos días vivió experiencias únicas y visitó todo tipo de lugares, pasó frío y calor extremo, lloró de alegría pero también de dolor. Perdió dos dientes, sus zapatos nuevos y se trajo consigo pocas respuestas. ¿Qué cosa era la cosa más bella de la Tierra? ¿Un animal, un momento en el espacio, el mar, la arena del desierto? Sus ojos y su corazón pudieron disfrutar tras gran esfuerzo y mucha paciencia del esquivo irbis, el leopardo de las nieves, en alguna perdida y nevada ladera del Himalaya. En Kamtchatka vio fugazmente al leopardo del Amur, así como al gran felino del norte, el más grande del mundo, el tigre de Siberia.Y ocelotes en Brasil. Y los impresionantes caballos salvajes de las praderas de Virginia. Y ciervos de cornamentas como raíces de roble. Y robles más altos que el vuelo de un águila. Y águilas doradas con grandes ojos de ciervo. Y las maravillas de los mares del sur, donde reina el tiburón tigre, el animal mejor adaptado a su medio que Sanda pudo haber encontrado jamás. Y todos los paisajes y cielos estrellados que le dejaron sin aire. Y el eclipse de Luna desde la cima de la gran Roca de Ayers en la roja Australia.
 
Mil días, mil maravillas. Ninguna respuesta.
 
Sanda llegó abatido, mucho más delgado y moreno. Sus hijos estaban en la escuela aún y Yukhi le recibió con más alivio que alegría. Se dio cuenta al instante de que algo había cambiado. El perro no estaba. Pero había algo más.
Detrás de Yukhi apareció un pequeño cachorro humano. Tenía grandes ojos verdes y largo cabello azabache, y dientes blancos tras la más tierna sonrisa que había visto nunca. Había nacido, sin él saberlo, su cuarto hijo. Era una niña. Lloró de alegría. Y de alivio. Su desazón se tornó en humilde vergüenza. Yukhi le miró a los ojos y le dijo con ellos, plenos de condescendencia, que ella ya lo sabía. Sabía que su búsqueda iba a ser inútil, desde el principio. La criatura más bella de la tierra estaba aquí, entre estas cuatro paredes. El mundo, repleto de maravillas, podía esperar. Quizás esa niña lo descubriría algún día.


Christian.

martes, 3 de abril de 2012

ZZZ

Se dice que un tercio de nuestra vida la pasamos durmiendo. A muchos eso les parece un total desperdicio. Piensan que ojalá nos bastara con la mitad, tendríamos cuatro horas más al día. La de cosas que podríamos hacer, libres de la larga esclavitud del descanso. E incluso nos podríamos permitir estar dos días seguidos sin dormir, sólo son 4 horas las que tenemos que recuperar. Pan comido.
Estas personas argumentan que la vida es para vivirla, no para dormirla en la cama. Ese es su gran slogan. Que los que duermen mucho se pierden vida, la desperdician.

Un amigo cayó una vez en la cuenta de que si duermes más de ocho horas al día y por otro lado te pasas un tercio de la vida en la cama, pues por lógica vas a vivir muchos más años que el que duerme menos al día. Esos dos tercios que le quedan por vivir al dormilón alguna vez llegarán, en forma de horas diurnas. Muchas horas. Mucho tiempo. Mucha vida. Y mientras, el que dormía poco para vivir más, criando malvas, durmiendo eternamente.

Así que ya sabéis: no temáis estaros perdiendo nada por quedaros el sábado hasta la una en la cama porque tendréis muchos más sábados desde la una que sábados tendrán los que se levantan a las ocho.

Ah, y felices sueños.


Christian.

jueves, 8 de marzo de 2012

Palabras

Y una tarde los dioses comentaron: “Este mundo es perfecto, hace falta confusión.” Y decidieron, por unanimidad, hacer hablar al hombre.

En la era de la comunicación, a veces deseo ser muda. Hablar crea conflictos y a las relaciones humanas les falta comunicación. ¿Cómo puede ser si estamos todo el día hablando?
Palabras dichas, escritas, sentimientos transcritos a palabras. Palabras dulces, palabras agresivas, peyorativas... La primera palabra, la última palabra... Derroche de palabras para tapar huecos silenciosos, inundación de palabras para hacerse entender.

Sueño con un silencio colectivo para poder entendernos con la mirada. Deberían ser herramientas de comunicación, no armas de batalla... Sólo una palabra más: GRACIAS



N...

jueves, 2 de febrero de 2012

Una década

2002
Y estarás allí.
Donde la voces no se oyen,
donde la sonrisa no es una opción.
Y sueño que una luz que no deslumbra
te agarra sin tocarte,
te habla sin palabras,
y te hace volver.

2012
Allá donde te fuiste, ya llegaré.
Y en el silencio del sonido
te hablaré, sin palabras.
Te abrazaré, sin tocarte.
Llegaré y entenderé.
Se iluminará el espacio más oscuro en mí
y el rescoldo de dolor que llevo se apagará.


N.

jueves, 21 de julio de 2011

Matrimonio

Y qué piensas del Matrimonio, maestro?

A lo que él contestó:
Nacisteis juntos, y juntos seguiréis para siempre. Juntos os hallaréis cuando las blancas alas de la muerte acaben vuestros días. ¡Ay! también juntos os hallaréis hasta en la memoria silenciosa de Dios. Pero dejad que existan espacios en esa, vuestra unión. Y permitid que los vientos de los cielos dancen entre vosotros.
Amaos el uno al otro, pero no permitáis que el amor sea una atadura: Permitid mejor que sea como un mar que se mece entre las orillas de vuestras almas. Colmad mutuamente la copa, pero no libéis solamente de una. Compartid vuestro pan, pero sin comer del mismo pedazo. Cantad y danzad juntos y sed alegres, pero permitid que cada uno se sienta solo. Así como las cuerdas de un laúd se encuentran separadas aunque se estremezcan con la misma música.
Ofreceos el corazón, pero sin que por ello dejéis de vigilarlo. Pues solamente la mano de la Vida puede contener vuestros corazones. Y manteneos unidos, mas no demasiado juntos: Porque las columnas del templo se encuentran separadas. Y el roble y el ciprés no crecen estando bajo la sombra del otro.



Gibran Jalil Gibran

Sorpresa la mía

Cuando en tus brazos
me viste crecer.
Sufriste mis cambios.
De niña a madre.
De amiga a amante.
De compañera a contrincante.
De colega a hermana.
De callada a gritona,
de mimosa a odiosa.
Sorpresa la mía, repito,
que aún hoy
me sigas queriendo.
Gracias.



Liebe

miércoles, 20 de julio de 2011

Even the night will wait for you




Estaba el otro día escuchando el último disco de Yes. Me lo he comprado por correo. Me encanta Yes. Me gusta como me puede gustar observar el agua quieta o degustar un pastelito de crema. Pero me refiero sobre todo a la primera época de Yes, hasta el álbum ‘Relayer’. A partir de ahí la cosa cambia. Para mí a peor. Ya es otra cosa. No está mal, pero es como si fuera otro grupo, otras sensaciones. Nada que ver. El último no es una excepción.
Estaba el otro día escuchando el último disco de Yes. Y camino de la ducha creí entender que una de las canciones decía esto: “Even the night will wait for you”. Me llevé esa frase al agua. Siempre hay agua. Al salir busqué en el libreto del cd la frase, con cuidado de no mojar nada más, mas no la encontré. Desnudo y aún mojado me senté a apuntar la frase.
Para los que no entiendan la frase en su idioma original, la podríamos traducir como “Incluso la noche te esperará”. Pero en inglés queda mucho mejor. Esta frase me lleva dando vueltas por la quijotera desde entonces. Even the night will wait for you…

Según nos alejamos del ecuador terrestre hacia los polos, se agudizan cada vez más las maravillosas rarezas celestes en el tránsito del Sol. Cerca del solsticio de verano el Sol no se pone, y cerca del de invierno, no sale durante semanas y semanas. Debe ser toda una experiencia el vivir algo así: ocasos q duran días, vivir sin noche por un mes, y días y días y días sin ver el Sol… Cómo deber ser eso de estar tanto tiempo sin tener luz natural y de repente ver q en el horizonte pasa algo, una levísima claridad, y según pasan muchas horas ver despuntar el alba más y más, y pasar días y días con esa luz de otros mundos? El sol se asoma levemente y de nuevo se va. Y el día siguiente pasa lo mismo pero el Sol se queda un ratito más. Y ya en verano todo lo contrario. El Sol no se pone nunca, da vueltas en el cielo y no besa el horizonte. Even the night will wait for you…

Ayer ví un documental. Estaba esperando a unos amigos y por casualidad -o no- puse la tele para matar la espera y dí con él. Pensé primero en ponerme otra vez el disco de Yes pero finalmente lo descarté. Fue una maravilla. Trataba de cómo sobreviven en regiones árticas los pocos seres humanos que allí hay. Siguen las mismas costumbres desde hace 1.000 años. Cazan focas, aves, narvales, construyen iglús. Parecían muy felices. Y claro, se hablaba mucho del clima. De -30 grados pasan a +16 una vez han construido un iglú. Y hablaban también de qué hace el Sol en el cielo. Días que duran semanas, noches que duran meses, atardeceres que parecen eternos… Even the night will wait for you…

Llevo muchos años atraído por la idea de visitar el norte. El círculo polar. El hielo. La taiga y la tundra. El Sol cambiante. La aurora boreal. El frío. Este verano voy a Suecia con mi familia. En verano no hay nieve, ni auroras boreales. Y además no creo que pasemos del círculo polar. Donde vamos, el Sol sale hacia las 4.30 de la madrugada y se pone sobre las 9 de la noche. Mucha luz, pero no es tan extremo como si fuéramos aún más al norte y más cercanos –en el tiempo-a los solsticios. Aún así será toda una experiencia. Todo viaje lo debe ser. Pero las mágicas puestas de sol, los atardeceres de otros mundos, los días sin noche, la noche eterna… Eso deberá esperar para otra ocasión. Even the night will wait for you…

¿Vendrás conmigo? No me importa cuándo, ni en qué circunstancias. Si vamos solos o no. Yo tan sólo quiero estar contigo ahí una vez. Y vivir contigo el Norte y el Sol y la Aurora. Y acurrucarnos juntos para vencer al frío mientras el Sol apenas avanza. Sentados en la nieve. Y llorar contigo cuando la Aurora nos despierte. Y sentir todo lo que te tengo guardado. Y besar tus labios de hielo con mi boca fría. Canción de hielo y fuego. ¿Me esperarás hasta entonces? Even the night will wait for you…





Christian.

jueves, 7 de julio de 2011

Jazz

Sale humo de la ciudad.

Desde abajo, desde sus tripas.

Las calles están mojadas.

Es casi media noche.

Aunque no hay Luna, se ve el cielo nublado.

No hay estrellas tampoco.

Sólo gente moviéndose de un lugar hacia otro.

Rápidamente.

Con premura.

Pocas cosas cambian.

Sólo van.

O vienen.

Rápidamente.

De un lugar hacia otro.



Sale música del bosque.

Desde más allá de los árboles, desde abajo.

Las hojas están mojadas.

Es casi media noche.

Como no hay Luna, se ve el cielo.

Lleno de estrellas.

Nada se mueve.

Pocas cosas cambian.

Sólo están.

O desaparecen.

Lentamente.

Sin premura.

Muchos sonidos llegan.

Y van.

Y vienen.

Lentamente.

Y desaparecen.



Christian

martes, 31 de mayo de 2011

Renacer

Nunca creí en aquello que había en mí.

En un rincón pasaba totalmente desapercibido, durmiendo las horas, llorando los días; pero no se puede parar aquello que nunca se movió, no se puede mostrar lo que nunca se escondió.

Sólo cuando conseguí devolverle la mirada al espejo puede ver aquello que brillaba dentro de mí, gritando por salir. Sólo ahí la calma le ganó el pulso a la ansiedad, sólo ahí se me regalaron unos minutos de paz, sólo ahí empecé a comprenderme de verdad.

No podemos escapar de lo que somos; pero antes de poder entender quién somos debemos tener el valor de preguntárnoslo.


BLG

domingo, 29 de mayo de 2011

Citas de Frank Zappa


· "Sin desviarse de la norma, el progreso es imposible".

· "El arte es hacer algo de la nada y venderlo".

· "La estupidez tiene un cierto encanto del que la ignorancia carece".

· "Lee el Kama Sutra ¿Cuánta gente murió por leer el Kama Sutra comparado con la Biblia? ¿Quién gana?"

· "El comunismo no funciona porque a la gente le encanta poseer porquerías".

· "Cuanto más aburrido es un niño, es cuando más sus padres, al mostrar a su hijo, reciben adulaciones por ser buenos padres. Porque tienen un chico domesticado como un animalito en sus casas".

· "Si tienes una vida aburrida y mediocre es por haber escuchado a tu mami, a tu papi, a tus profesores, a los curas o a algún tipo en la televisión diciéndote cómo hacer las cosas ¡Así que te lo mereces!"

· "Cienciología... Pones unas monedas y un tipo te resuelve unas cuantas de tus preguntas, y si pagas suficiente dinero te convierte en un Maestro ¿Qué diferencia tiene con las otras religiones?"

· "Adán y Eva estaban en el paraíso, y el cuento de hadas dice que la serpiente "mala" convenció al hombre de comer la manzana del Árbol del Conocimiento. Y el castigo fue que Eva debería sangrar y él tendría que trabajar ¿Pero qué tenía de malo querer tener conocimiento? Por ello, el cristianismo es una religión anti-intelectual. No quieren que seas inteligente. Así que sé un estúpido imbécil y tienes el cielo ganado. Eso es el cristianismo".

· "Después de todo, Dios escribió el libro, ¡y en él dice que nos hizo a su semejanza! Asi que si somos tontos, entonces Dios es tonto. Y tal vez un poco feo..."

· "Mi consejo como padre es que, si quieres criar a un niño feliz y saludable mentalmente, aléjalo de la iglesia lo más que puedas."

· "Nunca me ha importado que treinta millones de personas puedan pensar que estoy equivocado. El número de personas que pensaban que Hitler tenía razón no prueba que estuviese en lo cierto ¿Tengo acaso que estar necesariamente equivocado sólo porque unos pocos millones de personas piensen que no tengo la razón?"

· "Algunos científicos argumentan que, debido a su abundancia, el hidrógeno es el bloque básico con el que el universo está construido. Estoy en desacuerdo. Pienso que hay mucha más estupidez que hidrógeno, y que por lo tanto la estupidez es el bloque básico con el que el universo está construido".

· "El periodismo musical consiste en gente que no sabe escribir entrevistando a gente que no sabe hablar para gente que no sabe leer".

· "Sin música para decorarlo, el tiempo es sólo un puñado de aburridos plazos límite de producción o fechas en las cuales deben pagarse las cuentas".

· "Escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura".

· "La música es físicamente la más inspiradora de todas las artes."

· "Si no lo captas, es que no tenías que captarlo."

· Entrevistadora: “¿Cómo quieres que te recuerden?" — “Yo no quiero que la gente me recuerde."


Frank Zappa (1940-1993), músico estadounidense.

viernes, 27 de mayo de 2011

Lucha

El tiempo empieza a hacer mella. Aquellos sentimientos que parecían grabados a fuego en mí empiezan a secar sus raíces. Como un caminante que grita en la inmensidad del desierto, como un marino en medio del implacable mar, lucho contra el abrumador paso del tiempo antes de que oscurezca mi corazón.

Compañero inseparable en el camino de la vida, acabamos olvidando que está ahí, imperturbable, impertérrito, paciente, sin buscar protagonismo, sin desearlo, y cuando quieres darte cuenta, él sigue ahí, recordándote que nunca se irá, guardándose para él todo cuanto hayas podido sentir, bueno o malo, alimentándose de tu alma, ganándote el pulso de la vida desde antes de que puedas saber ni que existe.

¿Cómo luchar contra la levadura del alma? ¿Cómo engañar al tiempo para que su camino acabe llevándole a vivir el primer amor? ¿Cómo engañar al tiempo para que en su camino vuelva a cruzarse la inocencia pura? ¿Cómo borrar las cicatrices que el tiempo ha dejado en mí?

No espero realmente poder derrotar al tiempo, pero espero poder llegar a convivir con él, antes de que llegue el momento en que se dé cuenta que no le queda nada con que alimentarse, antes de que se dé cuenta de que mi tiempo… ha terminado.


BLG

miércoles, 18 de mayo de 2011

Recuerdos

Me gusta. Me gusta mucho. Es una sensación que ya siempre estará conmigo. Como cuando te acuerdas del olor de algún sitio de la infancia. No sé porqué pero por mucho que pase el tiempo, el olor está ahí, bien definido, guardado, y es leal. Sabes que ya nunca te abandonará. Siempre que te acuerdes de él, ahí estará para tí. Como un buen perro. Lo mismo pasa con ciertas sensaciones, ciertas percepciones. Ésta en particular, ya lo he dicho, me gusta mucho. Me gusta mucho recordarla y saber que siempre que quiera saborearla, lo podré hacer. Es una seguridad absoluta. En cambio hay cosas que me agradaría poder recordar, pero no puedo. No me acuerdo de su voz. Ni de casi su olor. Ni de su presencia. ¿Porqué me acuerdo del olor de la madera del carro de los Suárez, y del nombre del caballo incluso, cuando nos llevaban a la escuela, algo que pasó pocas veces y hace más de sesenta años, y no de mi padre, con el que conviví casi treinta? Es algo que me gustaría poder tener guardado por ahí, pero a su vez estoy completamente segura de que es ingestionable. Eso se fue perdiendo -acaso por abuso- poco a poco. Un día te das cuenta de que ya no te acuerdas de su voz. Ni de si le gustaba más el melón o la sandía. Ni de cómo te miraba cuando le despertabas indulgencia. Aquellos ojos...

--Disculpe, señora Guadalupe, ha llegado un señor que pregunta por usted. Dice que es un familiar pero que le quiere dar una sorpresa. Le hago pasar, ¿no?-- le preguntó Maribel, con algo de emoción en la voz.
Ella, como de costumbre, no contestó a la primera.
--Señora Guadalupe, que digo que tiene una visita. Le hago pasar, ¿vale?
La enfermera, al ver que no iba a obtener respuesta y que ésta parecía obvia, decidió ir a buscar a aquel hombre.
Medía unos dos metros y era delgado, como una espada. Tenía el pelo ya plateado, algo largo, y una barba pobre que parecía no demasiado cuidada, pero que le sentaba bien. Su cara era amable, templada, aunque estaba llena de arrugas. Arrugas como surcos en la tierra, poderosas. Arrugas viejas. Muy viejas. La nariz no era ni mucho menos grande, más bien parecía la de una adolescente. Y los ojos estaban tan hundidos que no se apreciaba bien el color del iris. Los podría tener violetas.
Iba vestido con traje verde oscuro, tirando a oliva, sin corbata. Con sombrero a juego. Todo muy gastado, pero limpio. Parecía ir muy cómodo, y además se movía con mucha soltura. Como un gran gato.
La enfermera pensó que sería un hermano o un primo. Aunque a ella no le constaban más familiares que sus dos hijas y su nieto, Juanito.

--Señor, le ruego que sea paciente con ella ¿Tiene usted experiencia con enfermos de Alzheimer? Es muy probable que ni le reconozca ¿Es usted un primo de ella quizás, o... ?
--Sí, algo así. Y sí, tengo experiencia. No se preocupe. Gracias, señorita. Me gustaría mucho estar con ella un momento a solas, si es posible.
--Sí, claro, por supuesto, faltaba más. Estoy fuera si necesitan algo-- contestó Maribel mientras salía, un tanto incómoda por dejar a la señora Guadalupe sola con un extraño. Su presencia era turbadora, desde luego, aunque no podría haber dicho porqué. Su voz era grave, como un pozo lejano que guarda con celo el agua más pura y humilde. Pero a la vez le vio inofensivo. Rezumaba paz ¿Qué podía hacerle un hombre tan mayor a una enferma de Alzheimer de setenta años?

--Guada. Hola ¿Sabes quién soy?
--Claro-- dijo ella, al cabo de unos segundos, mirándole sus ojos violetas.
--Bien.
Se estuvieron mirando un rato, sonriendo, con sus manos entrelazadas.
Recordando.


Me gusta. Me gusta mucho. Es una sensación que ya siempre estará conmigo. Como cuando te acuerdas del olor de algún sitio de la infancia.



Christian.

miércoles, 11 de mayo de 2011

De Silvia a Noe

Un versito a mi niña le cocinaré,
Con hojitas de menta, azúcar y miel.
Que le sepa bueno, que le sepa bien.
Que le endulce el día, y la noche también.

Le daré una cajita con caramelos,
En la que pueda guardar todos sus anhelos.
Y se la pintaré con mil colores,
Para que así se olvide de sus temores.

A ver si así huyen los recuerdos tristes,
De antiguas heridas que ya sufriste.

A ver si así llegan las alegrías,
Y se te llena el alma con poesías.


--
Silvia.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Marzo

Debe hacer unos cincuenta años. Sin embargo es ahora cuando rememoro todos los pequeños detalles, ahora me asaltan desde muy atrás, sin compasión, como si unos niños me tiraran bolas de nieve, escondidos tras los árboles.

También era marzo, eso seguro, recuerdo recordar el equinoccio de primavera como algo muy reciente aquellas horas malditas, en las que todo cambió. Los acontecimientos iban pasando delante de mi rostro, los archivaba, era muy consciente de todo lo que pasaba. Lo que no pude fue darme cuenta de su trascendencia, lógicamente, dado el altísimo nivel de alcohol en sangre que solía alimentar mis entrañas y guiar mis torpes pasos aquellos días.

Nunca he sabido cómo empezó todo en concreto, en qué momento y dónde crucé la línea, qué hice o dejé de hacer en el momento preciso en el que mi existencia se convirtió en la de un reptil sabio que se arrastraba por las alfombras del mundo de los hombres, despojado de todo menos de infinita sed.

Sí recuerdo una de mis camareras favoritas, María. Solía meterme en mis primeras litronas de cerveza huevos crudos. Era mi desayuno, un par o tres litros de cerveza. Buen zumo de cebada de barril, sabroso y nutritivo, lleno de vitaminas, minerales y qué sé yo, todo lo q necesitaba por aquellos días para poder abrir la boca y acercarme un vaso hasta ella. Era todo lo que quería hacer, realmente no necesitaba nada más, absolutamente nada más, no tenía interés alguno en nada excepto en ingerir líquidos que fueran trastornando mis percepciones hasta llegar al punto en el que mi yo desaparecía y me convertía en una criatura escamada, mansa e inconsciente: el fantasma de una iguana, un forastero de mi propia vida, un espectador de lujo. Todo eso me fue regalado gracias al alcohol. Y gracias a él pude ver lo que ví y saber, ahora, lo que soy.

Porque fui yo, sí, yo, un borracho de mierda, el que vislumbró por un momento, entre vómitos y comas etílicos, entre convulsivos ataques de abstinencia, la única y absoluta Verdad. Fue tan sólo por un momento, como la luz que se cuela por un instante entre dos puertas, y es ahora cuando me doy cuenta de todo aquello. Yo he desperdiciado mi vida, poseedor del secreto más secreto, del poder más magnífico. Pero borracho.

Ahora ya no tengo tiempo ni ganas, me estoy muriendo de viejo. Y es también en esta hora cuando entiendo al fin que gracias al alcohol pero también por su culpa yo fui (y soy) el único Poseedor de la Única Verdad, aquella que nos podría haber liberado a todos y haber bajado el Cielo a la Tierra.

Hacía muchos años que no bebía. Pero esta noche de marzo, antes de acostarme para siempre, brindaré una y otra vez a la salud de toda la humanidad y entraré en el mundo de los muertos como tiene que ser: borracho.


Christian.

jueves, 30 de septiembre de 2010

La noche

" …Hubo un tiempo en que la interacción de los dioses, demonios y humanos era muy real. Hoy, amparándonos en la ciencia, decimos que no existe Dios, ni los dioses, ni los demonios, ni los espíritus… Y cierto es que parece que tales seres no nos afectan, como si nuestra indiferencia pusiera una barrera invisible entre ellos y nosotros y así, no sólo parece que permanecen al margen de nuestros asuntos, sino que, como si realmente supiéramos qué no hay tal más allá, negamos su existencia. Pero el solo hecho de negarlos no implica que no existan. ¿Y si estuvieran esperándonos ahí para, en el momento de la muerte, demostrarnos lo equivocados que estábamos? Alguien dijo que el sentido de la vida es prepararnos para la muerte...”

Me gusta la noche. Siempre me ha gustado la noche. Durante las horas de la oscuridad del día me encuentro más cerca de esas estrellas y planetas que de incierta manera parecen afectarme; los asuntos de mis semejantes, que durante las horas de luz se me pegan con insistencia, se caen por su propia inexistencia durante la noche.
Nunca he tenido, por esa mi manera de ser, amigos de esos que denominamos “de toda la vida”, nunca semejantes que compartieran mis gustos, miedos y cuitas, siempre solo, apartado, denominado raro; pero no es lo mismo estar solo que sentirse solo y yo nunca me he sentido así. Siempre, desde mi más temprana edad, me he sentido, no ya acompañado, sino vigilado, observado. Ese sentimiento no ha hecho más que reafirmarme en mi rareza.
Siempre que podía me escapaba de noche, mientras los demás dormían, lo más lejos posible de las casas y de todo aquello que pudiera oler a humanidad, para disfrutar de la quietud, observar las estrellas, las tormentas nocturnas… la paz.
No, no tiene nada que ver con las fiestas y las algarabías que mis supuestos semejantes suelen dedicarle a esas horas si no están durmiendo, sino más bien a una imperiosa necesidad de descubrir qué hay detrás de ese velo que se nos presenta delante y que siempre, por una u otra razón, ignoramos.
Cualquiera puede pensar ante tal panorama que soy un individuo, como ya he dicho, raro, solitario y sin nada interesante que ofrecer al mundo. No es así. He vivido situaciones que a más de un valiente dejarían sin movimiento sanguíneo, paralizado de terror. Las alucinaciones de Lovecraft, aún muy cerca de la realidad, se quedan en cuentos para adolescentes comparadas con lo que he podido experimentar.
En cierta ocasión, estando de viaje en La República Dominicana, allá por 1986, tuve la inmensa suerte de contemplar un eclipse de Luna llena, estando a su vez Marte en el punto más cercano a nuestro planeta en los últimos 300 años. Las tormentas tropicales, con todo su potencial eléctrico, se veían profusamente en el horizonte. El resultado fue que la Luna llena, intensamente naranja, no ocultaba la grandiosidad de la Vía Láctea; Marte, a una palmo de la Luna, intensamente naranja a su vez y de un tamaño aún mayor del que suelen tener Venus o Júpiter, lo suficientemente grande como para apreciar su redondez, acompañaba a aquélla en su periplo y los relámpagos, abarcando la totalidad de visión del horizonte, se conjuntaron para mostrarme a mí y a cualquiera que estuviera lo suficientemente atento como para darse cuenta de ello una de las visiones más espectaculares que jamás he vivido.
Pero eso es quizás lo de menos. Quien haya estado en ese fascinante país fuera de los ámbitos turísticos habrá podido comprobar lo extrañas que son allí las noches. En aquel momento me encontraba en Bayahibe, al sureste, en una casa de madera con tres habitaciones, tres camas con sus correspondientes mosquiteras, una ducha y un corredor alrededor de ella. Durante toda la semana que pernocté allí no dejé de escuchar pisadas por el corredor (los aldeanos tomándome el pelo, pensaba), los perros ladraban hasta bien entrada la noche, a continuación rebuznaban los burros y les seguían los gallos ¿Gallos cantando a las doce de la noche? Se callaban los gallos y volvían los perros, y luego de nuevo los burros y así hasta el amanecer, cuando cerraban el ciclo los gallos para anunciar que todo volvía a la normalidad.
Aquella noche del eclipse tuve una experiencia que podría haber acabado conmigo si mi corazón no estuviera acostumbrado a la oscuridad y sus consecuencias…
En Paraguay existe la leyenda del Pompero, una suerte de espíritu demoníaco que concede favores a cambio de ciertos rituales. Lo cierto es que conocí a un español que tenía un restaurante en Asunción y que me juró haber tenido años antes un encuentro con el Pompero. Mientras dormía, este espíritu le había sacado de la cama por los pies. A resultas de ello, aunque decidió seguir en el país, vivía con el miedo a irse a la cama como compañero. Un chileno-italiano que tenía a su vez un restaurante en Bayahibe, “La Tranquera”, me contó que hasta que no se puso en “onda” con los espíritus que los lugareños le indicaron, no le empezó a ir más o menos bien el negocio. Curiosamente, cuando 20 años después volví a Bayahibe, nadie recordaba que tal restaurante hubiese existido.
Bien, aquella noche recibí la visita del Pompero, o de algún espíritu de su calaña. Lo supe por lo de “sacarte de la cama por los pies”. Noté el tirón por los pies, tremendo, no sólo por la fuerza, sino por que me sacudió hasta la última célula de mi cuerpo, mente y emociones, dejándome un segundo como si el todo el universo vibrase en mí; un segundo lleno de eternidad. Como no sentí miedo, pude observar con cierta perspectiva lo que pasaba. Otro vacile de los aldeanos, ¿no? Era lo lógico. Pues no, allí no había nadie tangible, y había luz suficiente como para corroborarlo. La fuerza que me arrastraba fuera de la cama no parecía de este mundo y daba la impresión de que según me sacaba de la cama me arrastraba hacia ¿otra dimensión? No podría explicarlo de otra forma, ya que una vez fuera de la cama una energía oscura, pesada, me aplastó contra el suelo, que ya ni era suelo, ya que éste, mi cuerpo y la oscuridad se fundieron en una sola materia y me vi en una infinita negrura, silenciosa y profundamente densa, que me recordó a esos estados febriles que solía experimentar de niño, cuando el aire de la habitación adquiría el peso y la densidad del agua. No podía respirar, pero curiosamente no parecía tener necesidad de ello. Tras interminables segundos, minutos, horas, no sé… una voz profunda, ominosa, me preguntó en un susurro: “¿Te has traído el Joe´s Garage?” “¡Claro!”, respondí. La fuerza dejó de oprimirme y me encontré de nuevo en la cama. Al día siguiente mi disco favorito de Frank Zappa no estaba entre mis pertenencias.

Experiencias nocturnas.
Jesús D. Avello.
Dedicado a la liZta.

domingo, 1 de agosto de 2010

Notas sobre "Aldebarán"

El lugar en el que transcurre la acción es un planeta rocoso parecido a la Tierra en cuanto a características físicas, aunque de mayor tamaño. Es el único planeta de un sistema que se caracteriza porque el planeta en cuestión gira entorno a un sistema de estrellas dobles, las llamadas Estrella de Oro y Estrella de Plata, los Dos Soles.
En nuestro planeta Tierra ocurre que su satélite, la Luna, gira en torno a sí misma exactamente a la misma velocidad con la que gira en torno a la Tierra, por lo que siempre, desde la Tierra, vemos la misma cara de la Luna. La otra nos permanece oculta.
En este lugar, dada la casi idéntica velocidad con la que el planeta gira en torno a sí mismo en comparación con la de rotación en torno al sistema de estrellas dobles, se da la circunstancia de que ambas estrellas, a la vez o de manera alterna (cuando una eclipsa a la otra), iluminan la mitad del planeta durante mucho tiempo: 7.700 ciclos, equivalente a más o menos unos 2.400 años terrestres. Llegado el momento, el lugar en el que transcurre la acción, hogar de la niña llamada Aldebarán, oscurece por otros 7.700 ciclos: la sombra, tal como pasa con las fases de la Luna, avanza sobre la superficie del planeta. Pero muchísimo más lentamente. Es un atardecer que dura decenios.
Aunque finalmente, llega la noche.

Los dos soles, Estrella de Oro y Estrella de Plata –también llamada Segundo Sol-, son diferentes entre sí. La primera es más del doble de grande que la segunda. Lo que además las diferencia es su temperatura y su edad, y por tanto, su color y su luz. Estrella de Oro es amarilla-anaranjada, parecida a nuestro Sol, y su luz es fuerte. Estrella de Plata es en cambio mucho más tenue, debido a su masa más pequeña, aunque su temperatura es mucho más alta, y su luz es claramente azul.
El planeta realiza un giro completo en torno a ambas estrellas cada 7 ciclos, o Ciclo Mayor, es decir, unos 30 meses terrestres. Cada uno de esos siete ciclos se caracteriza por la situación que el planeta atraviesa en cuanto a la luz que le llega de ambas estrellas, dada por su correspondiente posición en el cielo. Existen lógicamente dos eclipses, uno cada 3.5 ciclos, y durante el resto del tiempo la luz que llega a la superficie del planeta va cambiando muy suavemente de color, producto de la mezcla de ambas luminarias. Cuando Estrella de Oro tapa a su compañera, la luz es potente, casi molesta, y hace mucho calor. En la situación contraria, la temperatura es algo más baja y Estrella de Plata ilumina de azul toda la superficie planetaria. Aún durante los eclipses, y sobre todo en el eclipse en el que Estrella de Plata está al frente, la luz de la otra estrella sigue llegando y mezclándose, en lo que es el zénit de la Luz Hermosa, siempre cambiante según pasan los ciclos. Siempre existe una combinación de ambas luces, todo depende del momento cíclico en el que nos encontremos y de la situación de los soles en el cielo, que se mueven de Este a Oeste y tardan, como ya ha sido explicado, 7.700 ciclos, 1.100 Ciclos Mayores, en cruzar el cielo planetario en su totalidad.
Estamos pues en un planeta en el que los días duran más de dos mil años. Y a su vez, la noche, cuando al fin llega, dura exactamente lo mismo.

En el periodo en el que los soles dominan el cielo pasamos de periodos de luz anaranjada intensa hasta luz tenue y azul, pero la Luz Hermosa lo es precisamente por los tránsitos entre ámbos eclipses, o zénites, ofreciendo múltiples combinaciones de los dos principales tonos lumínicos: ocres, amarillos verdosos, límpidos azules, y hasta toda la gama de los rojos y violetas en los amaneceres y ocasos.
Fruto de este abanico lumínico es una tierra, La Tierra, rica y fuerte, de la cual nacen numerosas y muy bellas especies vegetales y animales, mojada a menudo por fuertes tormentas, besada por poderosos ríos. Como no puede ser de otra manera, la vida se ha adaptado a su entorno, y la mayoría de las especies no muere cuando llega la noche. Unas entran en un larguísimo letargo (vegetales), otras emigran (animales). Y unas pocas mueren.
Y una de ellas desespera.

El momento preciso de este relato, "Aldebarán", está situado en el segundo Gran Ocaso, siempre según las crónicas, momento en el que la segunda estrella desaparece al fin bajo el horizonte y tras 7.700 ciclos llega de nuevo la noche, La Segunda Oscuridad.


Christian.